Feng shui
El redactor de frases del día de la agenda había elegido para aquel miércoles una de Nietzsche que venía a decir que la invención del alma había supuesto la esclavitud del cuerpo, o algo así. Agendas de empresa, decían. Gruesa, encuadernada en piel negra con el logotipo rojo de Plásticos Clástic, tricolumnadas las páginas, y con las fechas y líneas en color salmón pálido.
Pero Rodríguez no prestó atención a la frase. En la columna del día siguiente, en el sector de las diez de la mañana, apuntó presupuesto montacargas y murmuró se acabaron las quejas.
La ventana daba a una calle de cemento sin aceras y llena de almacenes. Después de hacer la anotación, miró hacia afuera y se fijó en la pared de enfrente. En medio del lienzo recién blanqueado alguien había escrito con pintura de spray negra rodríguez capuyo. Estaba en letras minúsculas y con rápida caligrafía, como de un sólo trazo, pero lo descifró enseguida y sintió una punzada de rabia: ese Rodríguez soy yo, seguro, dijo en voz alta. ¿Quién habrá sido el mamón y para qué pagamos la vigilancia nocturna del polígono? Por otra parte, ¿cuántos Rodríguez hay aquí? Encendió el ordenador y consultó el directorio. Jóder, ninguno, qué raro. Seguir leyendo ‘Feng shui’ »