Literatura

21 12 2009, 20:56

Invasiones

Ya son estereotipos las primeras impresiones de una invasión.
En las ciudades portuarias, la inminencia se percibe desde los tiempos clásicos como una calma inopinada de la mar, una ausencia de gaviotas y alcatraces y un amanecer límpido. Ya se sabe: presencias que acechan, que han llegado durante la noche o que esperan su momento más allá del horizonte.
En esas ocasiones, como cuando los veleros demuestran la esfericidad del planeta, se descubre que el horizonte no tiene nada de ideal ni de geométrico, sólo que ahora no es un escalón impertinente, sino una cortina de leyendas tan sólida como un muro.
Pero son más de nuestro tiempo las irrupciones de máquinas o de biotipos transgénicos.
De repente, uno dobla una esquina y se topa con un tanque, un castillo de metal con una máscara antigás en la torre del homenaje. O surgen del vacío resortes gigantes sembrados como dientes de dragón por un depredador intergaláctico que ha pasado siglos tramando aterrorizar a los terrícolas antes de zampárselos. (Ahora me acuerdo de aquel relato de Damon Knight en el que los extraterrestres venían equipados de un libro de cocina titulado Cómo servir al hombre.) O se mimetizan con los detritus de las aceras crecientes amebas hambrientas, de una simplicidad escalofriante, depositadas en los extrarradios de las ciudades por las gónadas de la gran flota estelar. O aletean caricaturas de grifos que se apoderan del aire y obligan a los humanos a recluirse en rascacielos y a no relacionarse más que mediante internet y los materializadores de materia inanimada.
O sobreviene cualquier vanguardia de otro ámbito poderoso asentado en nuestro miedo a ser esclavizados.
Detrás, en lugar seguro, lagartos, ectoplasmas, emperadores o reyes de las finanzas.

30 11 2009, 19:09

En el margen de un pergamino

Paréceme inútil que sigamos escribiendo. ¿No hay demasiadas obras? Creo que ya ha salido de las plumas cuanto un buen lector puede desear y mucho más de lo que pudiera llegar a leer. Nadie necesita nuevas páginas, que además no son sino repeticiones, variaciones de las mismas materias que ya establecieron nuestros clásicos y que los modernos simplemente han empobrecido anegando en los piélagos de la providencia lo que era gran variedad de corrientes paganas. Sólo una gran mutación de la cultura, o sea, de la vida en el mundo y sus ciudades, sacaría del círculo estéril la posibilidad de encontrar nuevas novelas, nuevos poemas, nuevos dramas, comedias o tratados amatorios. Algunos fingen superar ese frío abrazo pretendiendo trastocar los cánones y géneros, pero el recuerdo de las constricciones e intenciones reaparecen en cada párrafo como cuando el aceite se separa pertinazmente del agua, recordando que nuestro pensamiento busca las formas que le dieron vida y que pocos ejercicios azarosos de nuevos contadores, novísimos líricos o audaces imagineros sirven para entregar al olvido la arquitectura de los sueños, de la que se nutren por igual nuestro universo y nuestras pasiones. Y puede que llegue el día en que los escritores sólo escriban para otros escritores con los que celebrar sus ceremonias y sus parafernalias y lustrar cortes y torneos. Y entonces se habrá mordido la cola la serpiente del aburrimiento. Paréceme inútil, pero pienso también que no hay dique que no se rompa ni placer que no retorne cabalgando un dragón loco.

Anotación en una página de las Peroratas desde la cresta del espolón, de Interdicto de Santanderio, chantre, bufón y secreto hereje.
4 02 2009, 19:37

En Letralia

El equipo editor de la revista Letralia, Tierra de letras ha decidido publicar tres relatos míos cuyos enlaces iré poniendo aquí porque un poco de autohalago no le viene mal a nadie.
Letralia se hace desde Cagua, Venezuela. Se ha propuesto ser la revista de los escritores hispanoamericanos en internet y lo está consiguiendo, así que me hace ilusión que me alberguen. Aconsejo un primer paseo por sus Preguntas frecuentes y, por supuesto, una larga indagación en sus contenidos.

El primero de mis textos, por cierto, está aquí.