28 09 2008, 20:53

Aparición de Baudelaire

Alex Türk, presidente de la CNIL (el equivalente a nuestra más discreta AEPD) ha hecho estas declaraciones a la revista Télérama:

Charles Bauldelaire reivindicaba dos derechos fundamentales: el derecho a marcharse y el derecho a contradecirse. El derecho a marcharse, hoy, está maltratado por la videovigilancia, la geolocalización… y todos los rastreos en el espacio. El derecho a contradecirse está siendo escarnecido por las informaciones y las imágenes que quedan en la Red y que no se pueden hacer desaparecer: ¡yo debo por lo menos tener derecho a decir blanco a los veinte años y de pensar negro a los treinta! Sería necesario que las redes dejen el control de la información a los usuarios. No es ese el caso actualmente.

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26 09 2008, 21:06

Post postnuclear 1945

Shigeko había dejado los pepinos en un cubo de agua junto al estanque del jardín, y el estallido de la bomba los había puesto negros.
-Es curioso -dije-, cuando volví a casa desde el campo de deportes de la universidad, las larvas estaban comiéndose las hojas de azalea. El pepino se había quemado, pero los insectos aún estaban vivos.
(…)
Al echar un vistazo al estanque mientras hundía la mosquitera en el agua, me fijé en que estas larvas de estuche se afanaban en devorar los nuevos retoños de la azalea que salía del agua. Agité las ramas y volvieron a sus estuches, pero cuando volví de recoger algunos trozos de ladrillo con los que sumergir la mosquitera, habían vuelto sobre ellas con avidez. Los retoños no estaban descoloridos ni tampoco se habían quemado los estuches de las larvas, lo que indicaba que la luz y el calor causaban algún tipo de transformación química cuando se encontraban con materiales de metal. ¿O es que la casa o algún otro obstáculo habían servido de protección a las larvas de estuche y a la azalea cuando estalló la bomba?; la plantación de arroz en los campos parecía haber sido afectada por el resplandor, así que era probable que también se hubieran puesto negras a la mañana siguiente.
Lavé mi pequeña toalla en una zanja, a un lado de un cañaveral de bambú; humedecí mi mejilla derecha y los tendones del cuello; luego, enjuagué una y otra vez la toalla, escurriéndola y enjuagándola, repitiendo el mismo procedimiento sin fin alguno. Escurrir la toalla era, según me parecía, lo único que podía hacer a mi antojo en ese momento. El escozor de la mejilla izquierda me mortificaba. Un cardumen de pececillos de agua dulce se movía en el agua de la zanja y en un remanso de agua estancada crecían lirios en abundancia. Parecían querer decir: aquí está la sombra, esto es territorio seguro.

Masuji Ibuse. Lluvia negra.
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21 09 2008, 21:22

Exposición de Jan Klönsics en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santander

(De nuestro corresponsal)

Desde sus primeros trabajos con técnicas avanzadas de representación holográfica e incursiones n-dimensionales basadas en p-branas y supercuerdas, la obra del tharsiano Jan Klönsics ha venido evolucionando hasta afirmar sus raíces en el despojamiento de la fotografía bidimensional (”esa impostura maravillosamente real”, define en el catálogo). Así, son claramente identificables sus reconocidas deudas con Paul Strand, Albert Stieglitz, Dorotea Lange y, por supuesto, el Atget descubierto cuando la distancia permitió comprenderlo.
La exposición que durante los próximos tres meses estará presente en el Museo de Bellas Artes de Santander (MBAS) es el resultado no sólo de cinco años de esfuerzo físico e intelectual, sino también de un empeño ejemplar para, después de arduas negociaciones, obtener los visados institucionales y los mecenazgos que le han permitido durante ese lustro desplazarse en naves superluminales por el universo y poder ofrecernos un centenar de imágenes que sorprenden por la viveza radical con que postulan el estatismo desde su génesis en un cosmos de movimientos excesivos. …seguir leyendo »

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11 09 2008, 21:57

Salacot

Conocí a un tipo en Venus que usaba salacot. Se llamaba Gaspar Blanco. Fue uno de los encargados de organizar cuadrillas de trabajo en las primeras cúpulas de la terraformación, cuando todo estaba a medio hacer, el calor era insoportable y la gente sucumbía a la fatiga sacando mineral a mano porque, por un error de cálculo, las personas llegaron tres años antes que las máquinas. La producción no podía demorarse. Los cargueros esperaban. Ya saben cómo son esas cosas.
- Salacot es palabra bifronte - solía decir Blanco.
No había sistemas de ventilación. Se filtraban gases tóxicos por las juntas de los refugios. La gente se sentaba a esperar turno a las bocas de las minas. Poca comida, agua caliente, pocas distracciones y mucha desesperación. La ropa se caía a jirones, arañada por las galerías estrechas. Aquello que los empleados de la compañía, equipados con trajes de seguridad, llamábamos mineros en los informes triunfales a la Tierra eran hombres desnudos que se pintaban el cuerpo con la pintura gris verdosa destinada a proteger las excavadoras. Alguien había descubierto que alimentaba y era cicatrizante. O eso creían. Gaspar Blanco les dijo eso para que estuvieran entretenidos y ellos lo aceptaron como tantas otras cosas, porque sabían que en la Tierra todo era aún era peor. (Se preparaba la Otra Guerra. Después ha habido otras, pero los que vivimos aquella la seguimos llamando así). Pintados y abatidos, parecían reptiles. Por fin había reptiles en Venus.
Gaspar Blanco había sido educado en la depredación burocrática. Descendía de varias generaciones de jefes de avanzadillas. Yo me ocupaba de la intendencia, es decir, casi de la nada, y pasé muchas horas con él en su despacho, donde exhibía una fila de fotografías enmarcadas de sus antepasados, todos con idénticos sombreros de corcho forrados de tela color hueso. Estaban su tatarabuelo en Filipinas abanicado por una joven tagala, su bisabuelo en la Guinea Ecuatorial degustando cerveza en un porche, su abuelo acodado en la borda de un barco en Zanzíbar, una mujer de ojos negros con un niño en brazos ante una rampa de lanzamiento (ambos con salacots, pero el del niño de tiras de caña). Y sobre la mesa tenía una holografía de sí mismo vestido de explorador de selvas. En el Venus medio habitable no podía llevar polainas porque abundaban los charcos de ácido, pero conservaba el aspecto general de un hombre designado con acierto para reglamentar la conquista de un lugar inhóspito. Sudaba, sonreía, acariciaba la culata de la pistola, miraba al exterior por la luna blindada, se aseguraba de que cada turno estaba en su agujero y se lamentaba de que el ventilador fuera tan lento.
Incluso, en momentos de tedio, parecía ir a iniciar el gesto de quien maneja un matamoscas, pero, por suerte, en Venus todavía no había moscas: llegaron después, mutaron y acabaron con la mitad de los colonos, aunque eso no fue relevante porque para para entonces ya estaban allí las máquinas. Después se perfeccionaron los reductos y las moscas fueron expulsadas. Sin embargo, misteriosamente, sobrevivieron. Y dicen que cada vez son más grandes. Debe de haber algún depósito orgánico que las alimenta. A veces se posan por millones en las cúpulas para observar a los humanos y quitan la poca luz que deja pasar el mar de nubes, pero eso es lo de menos. Gente como Blanco trajo su propia luz, y esa ha quedado dentro. Otros nos fuimos en cuanto pudimos pagarnos la huida.
Volví años después y fui a visitarlo. Yo había hecho algún dinero en el cinturón de Kuiper, acarreando condritas a las esferas artificiales de Neptuno. Pero Gaspar Blanco se había hecho inmensamente rico, primero con las minas, luego vendiendo cubiertas reflectantes para chozas, después monopolizando las casas prefabricadas y los burdeles y, por fin, cuando los conglomerados del subsuelo se definieron como auténticas ciudades, controlando el tráfico e instalación de aparatos refrigerantes, es decir, el negocio del frío, el más lucrativo en los planetas interiores.
Me recibió en su nuevo despacho, una de cuyas paredes era un acuario. Las fotografías tenían marcos nuevos, la holografía me pareció más nítida. El sombrero colonial era la única prenda en una percha-árbol de caoba. Recordamos las partidas de go, la falta de café, el mal olor de la explanada de las minas…
Cuando mi nave salió del astropuerto, las cúpulas me parecieron salacots entrometidos en el albedo del planeta.

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6 09 2008, 19:40

Ginoide ante el espejo

Erinia Cien, robot de avanzados sistemas biónicos diseñado y fabricado por la profesora Bilas Vartik, llevaba casi dos años funcionando ininterrumpidamente cuando tomó conciencia de los espejos. Esa fue la primera vez que hubo que apagarla para unos reajustes serios.
El aprendizaje de las máquinas sofisticadas suele ser lento en ciertos aspectos. La comprensión de la propia imagen es uno de ellos. Hasta la fecha, los programas sólo han podido resolver el registro de la belleza, como el del azar, con métodos pseudo-aleatorios.
Las propiedades físicas de los objetos reflectantes que veía por todas partes estaban claras para Erinia. Comprendía perfectamente que la inversa de la distancia focal de una superficie especular es por fuerza igual a la adición de la inversa de la distancia de la superficie del espejo al rostro que lo contempla y la inversa de la suma de la imagen representada. Y las consideraciones técnicas de la devolución de fotones no dieron paso a un problema de índole algorítmica hasta que una tarde de mayo se produjo la confluencia de circunstancias obligada en toda crisis científica.
Hay que decir que las visitas al excusado de la robot no eran frecuentes. Las pocas que realizaba eran debidas a simples cambios de fluidos que por alguna razón no habían sido hechos durante las revisiones rutinarias en el laboratorio o se habían adelantado a éstas. Dichas visitas se limitaban al vertido en el inodoro de alguna ampolla desechable y biodegradable tras ser reemplazada por otra. Los residuos no necesitaban ningún tratamiento especial: cuestión de entrar, desencajar de su alvéolo en el antebrazo el tubo lleno de un líquido más blanco que la leche (exageradamente blanco y básico, pero con dinámica de mercurio), poner otro y lanzar el antiguo al remolino de la cubeta.
Aquella tarde, cuando Erinia tuvo la urgencia, la profesora Vartik (que por algo había exigido como parte de la dotación un cuarto de baño espacioso, alicatado en azul pálido y con un espejo que ocupaba una pared completa donde el lavabo parecía asomarse al vacío) acababa de disfrutar de una de sus largas sesiones de higiene y placer. …seguir leyendo »

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30 08 2008, 20:21

Apuntando autoenlaces

La entrada anterior me a traído a la memoria a Eliza y a Turing. El primero (¿la primera?) es un programa informático cuya falta de irracionalidad resultaría exasperante si sus resultados no fueran cómicos. Jamás ganará a nadie al ajedrez (no sabe jugar), pero, si se le exprimen todas sus posibilidades (o sea, que, a su manera, requiere partenaires habilidosos), resulta igual de frío que Deep Blue y tan útil como Pensamiento profundo. En esta página instalé hace tiempo una versión JavaScript de esa psicoanalista estúpida e implacable. Lo siento: está en inglés, aunque no requiere dominarlo como Shakeaspeare. En esta otra página del Despacho (para más información, ver enlace en la barra lateral) he puesto la traducción de una amigable charla. Hacía mucho que no lo hacíamos, pero la máquina no escarmienta. Yo tampoco.
En cuanto a Alan Turing, su vida no es cosa de broma. Hace unos años publiqué un artículo sobre él que ahora me ha dado por recuperar.
La prueba de Turing sigue vigente. Por ejemplo, si alguien quiere enviar por email un texto desde este blog, tendrá que pasarla para probar que no es una máquina repartidora de correo basura.

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30 08 2008, 14:01

La prueba de Turing y el muro de la simetría

- Esto es un poco…
- ¿Penoso?
- Sí. Quizá sea esa la palabra… El caso es que me han encargado que determine si es usted una máquina.
- Es curioso. A mí me ocurre lo mismo. He recibido el mismo encargo.
- ¿Me está diciendo que cree que yo soy una máquina?
- No. No he dicho eso. Y prefiero no creer nada. Detesto los apriorismos. De momento sólo cuento con los hechos. Usted está frente a mí en una órbita atípica. Las radios sintetizan nuestras voces de igual manera y yo tengo que decidir si usted es humano o no. En caso negativo, no puedo permitir que siga su camino.
- Ya veo. Esas afirmaciones son válidas para ambos, aunque no acepto que considere mi órbita extraña…
- En todo caso, deduzco de sus palabras anteriores que usted va a intentar convencerme de que es un ser humano y que se propone descubrir en mí una supuesta condición de máquina. Pero nada me obliga a aceptar como principio que es usted una inteligencia biológica. De hecho, su precipitación en afirmar que no lo es me resulta sospechosa.
- Nadie se precipita al manifestarse como lo que es.
- No estoy de acuerdo. Los humanos siempre estamos tratando de ocultarlo.
- Ese es un sofisma casi delator; parece propio de un ordenador barato. Sólo pregunté si usted pretendía afirmar que yo soy una inteligencia artificial. Digamos que me sorprendió que el objeto de mi estudio pretendiera estudiarme.
- Algo muy humano, esa sorpresa, ¿no le parece? Por no hablar del orgullo.
- Sí, claro, puesto que soy humano.
- Estereotípicamente humano, diría yo. Muy probablemente, una máscara para ocultar un robot, ya que todo disfraz suele estar hecho de lugares comunes.
- ¿Sabe usted lo que son los koan? …seguir leyendo »

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22 08 2008, 18:52

Ampliación del Universo

Aunque la mitología dice que nació de la castración de Urano y que su respiración era la del volcán Etna, el Encélado de los astrónomos es una luna de Saturno. La sonda Cassini-Huygens ha descubierto allí géiseres que lanzan al espacio chorros de hielo pulverizado a varios cientos de metros por segundo.
En la galaxia NGC 1275 un agujero negro produce un monstruo magnético (así lo han llamado los científicos) que construye ríos de gases orlados de esos rayos denominados X, probablemente el nombre mejor puesto de la física.
La ciencia ficción está dando paso a la realidad; se aparta humildemente para dejar sitio a la evidencia. El lamento del replicante (naves en llamas más allá de Orión… rayos C brillando cerca de la puerta Tannhäuser…) alcanza el clímax de la conjetura cuando se observan las fotografías tomadas por el Hubble del choque de las galaxias Antennae, que se devoran entre sí como lo harán dentro de unos millones de años nuestra Vía Láctea y la galaxia de Andrómeda.
Mientras tanto, el Gran Colisionador de Hadrones, que no es una máquina desenterrada por los astroarqueólogos en Venus, sino un invento del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear para crear bosones de Higgs y saber de dónde sale la masa, está a punto de llegar a lo más pequeño, aun a sabiendas de que siempre hay algo más pequeño todavía y de que quizá, superado el límite que acaso no haya, reaparezca por una esquina el resplandor de las nebulosas. Para celebrarlo, arracimarán globos de grafeno de 250 nanómetros de lado por 3 micrómetros de longitud.
Y lo más curioso es que, según dicen sin asomo de dogma, todo eso pudo quedar definido en tres segundos, el tiempo necesario para fijar las leyes del Universo. El génesis bíblico estableció siete días porque sólo podía referirse a fracciones del ciclo lunar. O, dicho de otro modo, el universo era entonces más pequeño, y no es metáfora. Tenían la excusa de la infancia, pero sus descendientes no tienen justificación para la perseverancia. Por cierto que Plutón, el dios de la los infiernos, ha dejado de ser un planeta de nuestro sol, y no se sabe si se ha llevado con él a Caronte. Triunfa, pues, Heráclito: todo fluye. El viaje de la religión ha sido en vano; sus exploraciones, tras intentar consolar desde el desconsuelo, sólo alcanzaron un desierto sin oasis. Triunfa Demócrito: el mundo vuelve a estar hecho de átomos magníficos y bellos en su combinatoria y de subpartículas atómicas (da igual si también o a veces son ondas) con nombres que suenan a broma: quarks (arriba, abajo, encantado, extraño, cima, fondo), leptones (cargados o neutrinos), bosones de gauge (fotón, W, Z, gluón, gravitrón, de Higgs, axión), mesones (piones, kaones…), bariones, sin olvidar a las compañeras supersimétricas: squarks, sleptones, gauginos.
Sólo falta un honrado capitán Heechee reordenando soles para esconderse de un paseante indeseable…

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17 08 2008, 10:58

El principio de algo

Cuando el Parlamento decretó que androides y ginoides fueran libres, su fabricación dejó de tener interés.
Ellos eran incapaces de reproducirse y no poseían medios materiales.
La medida, sin embargo, llegó tarde, y las calles se llenaron de libertos

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16 08 2008, 14:01

El pene de Bilas Vartik (versión Beta 1.1)

- A ver qué tenemos de ese tipo…
- Plic. Plac, plic, plac. Clac, cluc. No hay mucho, la verdad. Ni foto, ni fecha de nacimiento. El nombre y la adscripción a un departamento especial de la Facultad de Ciencias. Un departamento sin denominación, ¿entiendes?, pero con sueldo de catedrático, eso sí. Tampoco tiene asignación de personal.
- Está claro. Esto es de rango superior. No hay ficha. A saber cómo se llama de verdad y de donde ha salido.
- De algún país del Este…
- O del pueblo de al lado. Siempre se les echa la culpa a los …seguir leyendo »

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16 08 2008, 13:56

Hacer lo correcto

Día 1298. Así que hicimos lo que teníamos que hacer. Lo desconectamos todo y gritamos pidiendo ayuda.

Frederik Pohl. Tras el incierto horizonte.
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