Febrero, 2009

27 02 2009, 19:40

Un libro

PortadaEl caso es que, casi sin avisar, algunos relatos empezaron a parecer conjuntados y, aunque probablemente se tratara de la farsa de un instante, me dije ¿por qué no?, y sólo hubo que ponerle al objeto título y portada.
De manera tan sencilla surgen los libros.
Así que ahí abajo está el enlace, humilde, casi sin ánimo de lucro, pero comercial al fin y al cabo.
A mí me gusta, claro; si no, no lo publicaría.

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22 02 2009, 13:35

El pez y el deseo

Bajo la lámpara de mi escritorio, en un plato de porcelana blanco ribeteado de rojo, yace una platija, amorfa y viscosa. En el tiempo de una breve meditación, los aromas marinos y yodados van dejando sitio a un olor equidistante de la cocción y del ahumado. ¿Superaré la prueba? He decidido abandonar los libros y la biblioteca para interrogar a la que Linneo llama afectuosamente ‘Pleuronectes platessa’ acerca de lo que la filosofía occidental ha querido decir sobre el amor, el deseo, el placer, desde que un filósofo griego, amante de las cavernas más que de las riberas, se empeñó en comparar a los humanos con los peces planos e incluso con las ostras. Porque me gusta invocar al bestiario acuático y marino para expresar con brevedad lo que los largos discursos no llegan a veces a transmitir. Tomemos, pues, la platija para tratar de aclarar el misterio del deseo.

Michel Onfray. Teoría del cuerpo amoroso.
4 02 2009, 19:37

En Letralia

El equipo editor de la revista Letralia, Tierra de letras ha decidido publicar tres relatos míos cuyos enlaces iré poniendo aquí porque un poco de autohalago no le viene mal a nadie.
Letralia se hace desde Cagua, Venezuela. Se ha propuesto ser la revista de los escritores hispanoamericanos en internet y lo está consiguiendo, así que me hace ilusión que me alberguen. Aconsejo un primer paseo por sus Preguntas frecuentes y, por supuesto, una larga indagación en sus contenidos.

El primero de mis textos, por cierto, está aquí.

1 02 2009, 15:03

Ciberinocencia

Sostengo que ni el trabajo, ni la ocupación, ni la ley pueden engendrar la propiedad; que ésta es un efecto sin causa. ¿Soy digno de reprensión? ¡Cuántos murmullos se alzan!
Pierre-Joseph Proudhon. ¿Qué es la Propiedad? (1840).

Este blog ha estado últimamente algo inactivo (no, esta no es una de esas entradas de blog en las que se niega la decadencia por la que nadie ha preguntado), y eso se debe en parte a la construcción de un subdominio.
La gracia del lenguaje informático es que uno parece poseer cosas que nunca soñó tener: dominios y subdominios, como feudos jerarquizados, que contienen estructuras, almacenes, bancos de datos, galerías de imágenes…
Bancos: ¿alguien pensó alguna vez disponer de uno, acorazado, con una sola clave de acceso encriptada por eficaces algoritmos que sin embargo (el mal acecha) nunca están a salvo del todo? Aunque no contenga dinero, la exclusividad de ese hueco concede cierta autoestima de especulador con la adrenalina a punto para una crisis de denegación de servicios.
Galerías: cada internauta con su falso museo a cuestas, en la alforja de los jpegs, mientras trama quizás que un día de estos irá al museo de verdad a ver tal o cual cuadro, que por supuesto habrá imaginado más grande o más pequeño, pero siempre más luminoso.
Y todo desde una génesis tan sencilla que produce nostalgia. La del humilde neolítico que empezó a hacer muescas ordenadas en un palo para clasificar los corderos marcados como propios después del primer desbarajuste comunitario. Ya ven: toda la historia está llena de propiedades y apropiaciones. La del ciberespacio también. Y de momento no hay conflicto porque abunda, se paga con publicidad e interesa que se ocupe. Si evoluciona hacia la escasez, ya veremos qué pasa.