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Apuntando autoenlaces

La entrada anterior me a traído a la memoria a Eliza y a Turing. El primero (¿la primera?) es un programa informático cuya falta de irracionalidad resultaría exasperante si sus resultados no fueran cómicos. Jamás ganará a nadie al ajedrez (no sabe jugar), pero, si se le exprimen todas sus posibilidades (o sea, que, a su manera, requiere partenaires habilidosos), resulta igual de frío que Deep Blue y tan útil como Pensamiento profundo. En esta página instalé hace tiempo una versión JavaScript de esa psicoanalista estúpida e implacable. Lo siento: está en inglés, aunque no requiere dominarlo como Shakeaspeare. En esta otra página del Despacho (para más información, ver enlace en la barra lateral) he puesto la traducción de una amigable charla. Hacía mucho que no lo hacíamos, pero la máquina no escarmienta. Yo tampoco.
En cuanto a Alan Turing, su vida no es cosa de broma. Hace unos años publiqué un artículo sobre él que ahora me ha dado por recuperar.
La prueba de Turing sigue vigente. Por ejemplo, si alguien quiere enviar por email un texto desde este blog, tendrá que pasarla para probar que no es una máquina repartidora de correo basura.

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