El pene de Bilas Vartik (versión Beta 1.1)

- A ver qué tenemos de ese tipo…
- Plic. Plac, plic, plac. Clac, cluc. Na hay mucho, la verdad. Ni foto, ni fecha de nacimiento. El nombre y la adscripción a un departamento especial de la Facultad de Ciencias. Un departamento sin denominación, ¿entiendes?, pero con sueldo de catedrático, eso sí. Tampoco tiene asignación de personal.
- Está claro. Esto es de rango superior. No hay ficha. A saber cómo se llama de verdad y de donde ha salido.
- De algún país del Este…
- O del pueblo de al lado. Siempre se les echa la culpa a los exsoviéticos… ¿Ha indagado alguien en el campus?
- Clic, clac, clic, cloc. Aquí está la basura. De eso sí que hay. Lo imprimo.
- ¿Quién ha hecho esto?
- Uno de Antropología, que trabaja para nosotros.


INFORME98VBS (ag.: tk - clas.: conf. - cat.: rumores - as.: Vartik, Bilas - ámbito: campus y alrededores)

Bilas Vartik es tema de conversación habitual en los círculos universitarios.
El claustro, en sesión extraordinaria de la que se ha perdido el acta, aprobó con fecha desconocida, a petición del Ministerio de la Ciencia y previo aumento de unos cuantos presupuestos, la instalación de un laboratorio en los límites del campus con la marisma. Dicho laboratorio consta de una casa de hormigón con una estructura que un estudiante de geometría define como “cúbica sin conseguirlo: el tejado, la planta y todas las fachadas son polígonos irregulares, cada uno diferente, pero la disimilitud es mínima, de tal manera que parece un prisma erróneamente perfecto”.
La configuración del rumor en el ámbito científico hace que todo encaje en una especie de dossier no oficial cuya terminología parece dotarlo de una certeza casi absoluta. Así, todo el mundo cree saber lo siguiente:
1. Vartik es apátrida y nadie sabe qué hacer con él administrativamente hablando, aunque su experiencia hace muy interesante que disponga de un laboratorio.
2. El hecho de que no esté adscrito a ningún departamento indica que tiene total libertad de investigación, que recibe instrucciones de otros o ambas cosas a la vez, es decir, que investiga lo que quiera, pero con condiciones sobre la comunicación de los resultados.
3. Tiene fama de loco. Esto paree obligatorio tratándose de un científico genial, pero sirve también para justificar el aislamiento.
4. Se le atribuye además una feroz misantropía, por lo cual, dicen, vive en su lugar de trabajo y apenas sale.
Sin embargo, los esquemas de las atribuciones estereotipadas suelen mostrar fisuras cuando se activa la logomaquia en círculos tan específicos como la Universidad. Así aparecen nuevas atribuciones que, en el caso que nos ocupa, tienen curiosa variantes relacionadas con la vida sexual del sujeto. Parece ser que, cada cierto tiempo, el profesor realiza salidas nocturnas. Si bien no hay testigos directos, es común la descripción de Bilas Vartik como un hombre bajito, fuerte, de cabeza redonda y vestido con ropas oscuras y sombrero de ala ancha. Hay también unanimidad en hacerle poseedor de un miembro viril descomunal y de una libido desaforada. Al parecer, esas características han circulado entre el estudiantado aficionado a los burdeles a raíz de algunos incidentes con las trabajadoras de los mismos. Mis investigaciones en ese campo, sin embargo, no han dado resultados positivos, ya que no he encontrado ningún testimonio directo. No obstante, debo decir que en el acervo subcultural de los clubs del extrarradio hay una figura legendaria de similares aspectos…

- ¿Una fiera sexual que vive en un laboratorio erróneamente perfecto?
- Seguro que tiene algo más que una polla muy gorda cuando han decidido pasarle ese asunto del robot.
- Ya. O eso o es que no tienen ni puta idea. Y los militares dicen que ellos no creen en esas cosas.
- ¿Has leído los periódicos? La gente ve caer cosas del cielo a todas horas.
- ¿Miro en Google?
- Ya lo hice yo. Ni rastro.

. . . . . . . . . . .

No cayó un ángel. Cayó un robot. Parecía un meteorito, pero era un robot.
Se estrelló contra la plaza del Ayuntamiento y produjo un cráter muy grande. Atravesó las dos plantas del aparcamiento subterráneo. Por suerte, no pilló a nadie debajo.
Algunos dicen que eso estaba calculado, que una cosa así no sucede por azar ni por necesidad, sino porque alguien ha hecho que suceda. Es algo parecido a ese asunto del diseño inteligente: siempre hay alguien detrás, cimentando altares. Otros afirman que todo es casual. Otros, que siempre ocurre lo que tiene que ocurrir. Si tiene que estrellarse un robot en la plaza, se estrella, y toda reflexión es ociosa. “Llevamos siglos defecando alrededor de los mismos ídolos”: esta es una de las frases que, ya antes del incidente, se le atribuían a Bilas Vartik.
El robot cayó a media tarde. El estruendo fue considerable. Hacía buen tiempo, la plaza estaba llena de gente y la mejor representación que se me ocurre es la caída de una piedra en un estanque en otoño: las mismas ondas del impacto determinan que las hojas que un segundo antes flotaban en la calma se reordenen en círculo. Es el principio físico de la curiosidad irrefrenable o de la superación del tedio, todo depende de la banalidad del objeto que ocupa el centro de atención. Los habituales jubilados miraobras tenían experiencia en eso, y los demás aprendieron enseguida, por puro instinto.
Visto desde el aire, excepto por algunos niños que querían huir de sus madres, el círculo debía de ser perfecto, una obra de ingeniería espontánea que permitía a cada uno la mayor amplitud de visión posible dentro de los límites inevitables del espacio y facilitaba la transmisión de información, sin demasiadas alteraciones, desde las primeras a las últimas filas.
De todos modos, al fondo sólo se veían escombros y hierros retorcidos. Los propietarios de los coches todavía litigan contra las compañías de seguros.
Puesto que no había nada que ver, la contemplación del suelo asolado fue adquiriendo tintes solemnes. Las voces se fueron apagando hasta que sólo quedó un silencio respetuoso que, al ser interrumpido por la policía y los bomberos, casi se transforma en motín. El siguiente silencio tenía más bien un aire de resentimiento y tuvo que resignarse lejos del agujero, cercado por las vallas de la protección civil.
En cuanto reinó el orden, los expertos se asomaron al cráter.
- No parece un ataque -dijo un policía.
- No parece nada -dijo un bombero-. Sólo un socavón.
- Pues menuda hostia -dijo un jubilado que había esquivado el desalojo.
- Echen a ese hombre.
- Ya me voy. Pero menuda hostia, ¿eh?
Bajaron un detector de gases.
- Era más bonito cuando usaban un pajarito en una jaula -dijo el mismo jubilado mientras lo empujaban.
Como no se detectaron gases, bajaron a un bombero colgado de un cable.
- Hay algo brillante -informó por radio.
- ¿Brillante?
- Sí. Brilla.
- Ya, pero ¿qué es?
- Una mano.
- ¿Una mano?
- Sí. Una mano. Con cuatro dedos.
El jefe de bomberos dijo que a él cosas como aquellas le daban mucha pereza.
El de policía murmuró algo sobre la lasitud del verano, el cansancio de hojas muertas del otoño, la nostalgia de cuando en invierno recordaba que en otros tiempos llovía más, la astenia polivalente de la primavera. A poco de eso lo expulsaron del cuerpo.
En cuanto se supuso que no había peligro, pasaron a primer plano el alcalde, el delegado del gobierno central y el consejero de la presidencia del gobierno regional. Tardaron media hora en comprender que allí abajo, entre el destrozo, asomaba un mano metálica. El delegado llamó al ministro del interior.
- Que lo saquen -decidió éste.
En realidad, no brillaba tanto.
Más allá de la mano inerte, pero tibia aún a causa quizá del rozamiento con la atmósfera, descubrieron un cuerpo de robot de metal mate y una cabeza cilíndrica cuyos ojos, pequeños ojos de buey sin párpados, todos consideraron cerrados.
- Y ahora ¿qué hacemos con esto?

. . . . . . . . . . .

- Profesora, la cosa está en la mesa.
- ¿Es que no puede ser menos servil?
- Calla y escucha.
- No se oye nada.
- ¿Hasta dónde te llega el oído?
- Alcanzo niveles subatómicos
- Y una mierda. Y ademaś daría igual. Allí sólo hay silencio.
- ¿Cómo lo sabes?
- No lo sé. Es una hipótesis.
- Ya.
- Profesora ¿por qué reís?
- ¿No puede llamarte de otra manera?
- Puedo intentarlo. Skuhn: en lo sucesivo me llamarás Bilas.
- …
- No ha entendido nada.
- Nuevo nombre: Bilas.
- Rename profesora Bilas.
- Bilas, la cosa está en la mesa..
- Estoy cansada. ¿Y si lo dejamos para mañana?
- Déjame escuchar un poco más.
- ¿Por qué no miras hasta el fondo?
- Me cansa.
- Haz un esfuerzo.
- Vale.
- Bilas, ¿la biónica suda?.
- Calla, pedazo de látex. Nada, no puedo. No puedo atravesar la superficie.
- Déjalo.
- ¿Qué crees que es?
- Parece un robot.
- Pero eso no quiere decir nada. Skuhn parece un robot y lo es. Yo no lo parezco y lo soy.
- Eso no es exacto.
-¿No?
- No. ¿Quieres hablar de ti?
- Otro día. ¿Hay algún informe sobre esta cosa.
- Nada. No se sabe de qué está hecho ni dónde. No es ningún metal conocido y no sirve la espectrografía. Se cumplen todos los tópicos de los hallazgos míticos.
- Me recuerda a Bender Bending Rodríguez.
- Esto no es cosa de broma.
- Lo siento.
- Podría ser un objeto Rama.
- O una máquina Heechee…
- ¿Por qué reís?

. . . . . . . . . . .

- Lo sabía, lo sabía. En cuanto se despiertan los temores milenaristas, hala, ya está. Los de los hadrones la han liado otra vez.
- ¿Y eso?
- Tanto decir que el blosón de Higgs es ’la partícula de Dios’, desataron el rollo apocalíptico. Y ahora mira. El gran colisionador de hadrones gira que te gira y ¿hacia dónde han vuelto la vista?
- ¿Hacia dónde?
- Hacia el robot.
- El robot… Es verdad ¿qué fue del robot?
- Mira el periódico.
- ¿Es que sólo estamos para mirar periódicos? ¡Somos la Seguridad Científica!
- Por eso nos aburrimos.
- Leo más los periódicos que cuando buscaba piso.
- El delegado del gobierno ha solicitado un informe de la Universidad, que a su vez ha requerido otro informe de Bilas Vartik, quien, por lo visto, es una mujer.
- ¿Una mujer? Sí. No tiene polla.
- Tú ¿como acabaste aquí?
- Acerté a detener a un contrabandista de sueños…


INFORMEBVS99 (ag.: tq - clas.: semiconf. - cat.: reunión Bilas Vartik / delegación gubernamental - as.: supuesta máquina - ámbito: despacho delegación gobierno)

Asistentes:
Sr. Delegado del Gibierno
Sr. Subsecretario del Consejero de la Presidencia Regional
Sra. Responsable de Protección Civil
Sr. Secretario del Delegado del Gobierno
Vartik, Bilas: científica adscrita a un departamento de investigación de propiedad imprecisa.
Cien, Erinia: ayudante de la profesora.
Un robot cuya presencia justifica la profesora como equivalente a los ordenadores portátiles de los otros asistentes
.

Pregunta de la Comisión: ¿Puede usted decirnos en que estado se encuentran sus investigaciones sobre el robot?
Respuesta de la Profesora Vartik: Las investigaciones se encuentran detenidas
Com.: ¿Por qué?
Pra. Vartik: En estos momentos no dispongo del objeto de estudio.
Com.: ¿No puede ser más explícita?
Pra. Vartik: Sí
Com.: Hágalo, por favor
Pra. Vartik: El supuesto robot desapareció hace un mes de mi laboratorio.
Com.: ¿Un mes? ¿Cómo ocurrió eso? ¿Por qué no informó antes?
Pra. Vartik: Un mes y cuatro días. Perforó una pared durante la noche. No consideré necesario informar.
Com.: Comprenderá usted que hagamos registrar su laboratorio
Pra. Vartik: Entenderán ustedes que no reciba esa noticia con ninguna alegría y me permitirán que les sugiera un par de números de teléfonos a los que llamar antes de tomar decisiones precipitadas.

. . . . . . . . . . .

- ¿Y ahora?
- Nada.
- ¿Ni una nota de prensa?
- Nada. Ya se ha hablado con los propietarios de los medios. El pánico no beneficia a nadie. Pero mira lo que ha aparecido en esta revista.
- ¿Ciencia desnuda? ¿Se llama así?
- Sí. Es minoritaria. Muy minoritaria. Sólo se vende por suscripción. Sólo para locos. La mitad de los artículos no hay quien los entienda. Pero hay un texto de un o una tal V. Blanik que habla largo y tendido sobre los hechos sin huella.
- Pero el robot cayó del cielo, hizo un socavón, fundió la pared del laboratorio y escapó. Eso son huellas.
- Ya. Huellas de que ocurrió algo que no debería haber ocurrido. Ni más ni menos. El mundo no está diseñado para que ocurran esas cosas. Es más, yo creo que el mundo no está diseñado. Total que no ha pasado nada. El agujero en la pared del laboratorio y el bache de la plaza del Ayuntamiento ya están reparados. Hay varias denuncias de robots noctámbulos, pero son menos creíbles que el miembro de la profesora. ¿Vamos a tomar algo?
- En días así, prefiero que llueva. Por cierto, qué fue del colisionador de hadrones.
- No sé, pero he leído que el bosón de Higgs es también su propia antipartícula.

. . . . . . . . . . .

- Háblame del autoplacer -pidió Erinia Cien cuando se fueron los albañiles.

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