1 07 2009, 15:54

Buzones de ocio

Banderas de libertad, hamacas de libertinaje…

Por motivos lúdicofestivos, la actividad de este sitio va a quedar reducida al mínimo durante unos días. En estos casos la magnitud de lo mínimo (que es un superlativo y, por tanto, expresa un grado máximo) suele ser muy alta.

Mientras, si tengo algo que comentar, lo haré en el tumbleblog de apuntes mediante algunos recursos técnicos que estoy probando y que incluyen el uso de un programa italiano (¡ah, el gran misterio de alta tecnología latina!), de dos servicios de comunicación y de unas líneas de código. Todo ello gratuito y libre, por supuesto. He rescatado también de viejos pergaminos algunas jaculatorias para proteger el sitio web y el móvil de derivas inesperadas. ¿Que si hago esto por obsesión internáutica? Al contrario: tamaños manejos me permiten dedicar a la cosa el menos tiempo posible mientras aprovecho esos momentos tontos de los días de ocio y vagabundeo anotando frases cuyas inutilidad, futilidad y volatilidad me proporcionan un placer indescriptible: por eso no insistiré en ello.

Enlaces para curiosear y si es preciso compartir:

Los dichos apuntes.

La cosa esa del pájaro.

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21 06 2009, 20:03

El puente

Los miembros de la caravana parecían haber adoptado hábitos y medios de transporte de lugares muy distantes entre sí. Era una tribu transparente que venía de muy lejos. Llegaron un día de primavera y se establecieron en un claro a la orilla del río, allí donde el cauce era más estrecho y la corriente más tranquila y había una piedra pulida y blanca en medio del curso con una rara forma de estatua de hombre orante, como encargado de apaciguar las aguas, que lo rodeaban sin espuma ni salpicaduras, a diferencia de las rompientes que más abajo, a la vuelta de un meandro, servían de catapulta a los salmones. Alguno de esos peces fueron el plato principal de la fiesta que sucedió a la instalación del campamento.

No parecían dispuestos a permanecer allí mucho tiempo. Montaron tiendas con pieles y carretas, cavaron letrinas en la linde del bosque, moldearon un hogar de arcilla, encendieron fuego, asaron la pesca, repartieron vino y prolongaron el festejo hasta el alba. Eran gente rítmica y sensual. Tenían címbalos, crótalos, flautas simples y pánicas, rabeles, zanfoñas, timbales, sistros. Sabían cantar y bailar. Las hojas de las mimbreras vibraron con los encuentros. Como por hipnosis, el compás del sexo se acordó al paso del sopor y algunas parejas o conjuntos no cedieron en el empeño ni durmiendo.

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24 05 2009, 14:48

Paquidermo

El nuevo vecino poseía la cabeza disecada de un elefante. Los encargados de la mudanza, como no pudieron meterla en el ascensor, intentaron subirla por la escalera, pero sólo consiguieron que los largos colmillos arañaran las paredes. La dejaron en el portal, boca arriba, y parecía un ser extraño, un monstruo vencido que miraba al techo con unos ojos muy pequeños, grises y hundidos en cráteres estriados, como de tierra seca. Una placa de cobre afirmaba que el animal, abatido en Angola en 1955, había pesado doce toneladas y media. La trompa, artificialmente levantada, resumía todas las miserias de la falocracia que había organizado la cacería.
“Este vecino nuevo debe de ser un hijo de puta”, dijo el portero.
Trajeron un camión con una plataforma de brazo articulado y telescópico, el más alto grado de perfección en la elevación de objetos, pusieron la cabeza en la jaula y la alzaron hasta la terraza, a la que sólo por un instante se asomó el propietario para hacer con la mano una indicación innecesaria, de manera que, sin que su presencia lo convirtiera en una figura descriptible, su autoridad quedara patente.
Pocos días después, cuando la comunidad se reunió para hablar de los desperfectos de la escalera, el secretario del nuevo vecino entregó un cheque por una cantidad tres veces mayor de la estimada.
“Un auténtico hijo de puta”, manifestó el portero.

16 05 2009, 18:22

Rescoldos

Escrito por los estudiantes de la Universidad Burdeos-III en el pasillo que conduce a la sala de reuniones del Comité de Movilizaciones contra la Ley de Reforma Universitaria:

Ya va siendo hora de reavivar las estrellas.

Guillaume Apollinaire.
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10 05 2009, 11:53

Aviso

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29 04 2009, 21:09

Víspera

La última barricada de las jornadas de mayo está en la calle Ramponneau. Durante un cuarto de hora, todavía la defiende un solo federado. Tres veces llega a romper el asta de la bandera versallesa izada en la calle de París. Como premio a su valor, el último soldado de la Comuna consigue escapar.

Prosper-Olivier Lissagaray. Historia de la Comuna de 1871.
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19 04 2009, 20:39

Viaje de abril

Hicimos un viaje a Amsterdam y a París. Tomé notas a vuelaboli e hice fotos. Junté los escritos con las imágenes tomadas más al desgaire y me ha salido algo que, por suerte, no parece un album ni una crónica ni un diario. Lo he puesto en un archivo pdf al que se accede mediante este enlace que aquí véis…

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29 03 2009, 19:57

Manos

Hay dos momentos de narraciones diferentes que muestran lo que me parece una interesante comunidad de gestos. El primero pertenece a uno de los raros relatos de Edgar Alan Poe con final feliz, aunque para llegar a él su protagonista, un librepensador prisionero de los ancestros de Ratzinger, antes debe recorrer, sin moverse de las tinieblas, todos los laberintos del infierno. Así acaba El pozo y el péndulo (1842):

Llegó, por último, un momento en que mi cuerpo, quemado y retorcido, apenas halló sitio para él, apenas hubo lugar para mis pies en el suelo de la prisión. No luché más, pero la agonía de mi alma se exteriorizó en un fuerte y prolongado grito de desesperación. Me di cuenta de que vacilaba sobre el brocal, y volví los ojos…
Pero he aquí un ruido de voces humanas. Una explosión, un huracán de trompetas, un poderoso rugido semejante al de mil truenos. Los muros de fuego echáronse hacia atrás precipitadamente. Un brazo alargado me cogió del mío, cuando, ya desfalleciente, me precipitaba en el abismo. Era el brazo del general Lasalle. Las tropas francesas habían entrado en Toledo. La Inquisición hallábase en poder de sus enemigos.

El otro está en el Capítulo V del Libro III de Los miserables (1862) de Víctor Hugo. Jean Valjean se dispone a rescatar a la pequeña Cosette de las garras de los Thenardier, estereotipo de la explotación infantil, que la han enviado de noche al bosque por agua:

Hecho esto quedó abrumada de cansancio. Sintió frío en las manos, que se le habían mojado al sacar el agua, y se levantó. El miedo se apoderó de ella otra vez, un miedo natural e insuperable. No tuvo más que un pensamiento, huir; huir a toda prisa por medio del campo, hasta las casas, hasta las ventanas, hasta las luces encendidas. Su mirada se fijó en el cubo que tenía delante. Tal era el terror que le inspiraba la Thenardier, que no se atrevió a huir sin el cubo de agua. Cogió el asa con las dos manos, y le costó trabajo levantarlo.
Así anduvo unos doce pasos, pero el cubo estaba lleno, pesaba mucho, y tuvo que dejarlo en tierra. Respiró un instante, después volvió a coger el asa y echó a andar: esta vez anduvo un poco más. Pero se vio obligada a detenerse todavía. Después de algunos segundos de reposo, continuó su camino. Andaba inclinada hacía adelante, y con la cabeza baja como una vieja. Quería acortar la duración de las paradas andando entre cada una el mayor tiempo posible. Pensaba con angustia que necesitaría más de una hora para volver a Montfermeil, y que la Thenardier le pegaría. Al llegar cerca de un viejo castaño que conocía, hizo una parada mayor que las otras para descansar bien; después reunió todas sus fuerzas, volvió a coger el cubo y echó a andar nuevamente.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Dios mío! -exclamó, abrumada de cansancio y de miedo.
En ese momento sintió de pronto que el cubo ya no pesaba. Una mano, que le pareció enorme, acababa de coger el asa y lo levantaba vigorosamente. Cosette, sin soltarlo, alzó la cabeza y vio una gran forma negra, derecha y alta, que caminaba a su lado en la oscuridad. Era un hombre que había llegado detrás de ella sin que lo viera.
Hay instintos para todos los encuentros de la vida. La niña no tuvo miedo.

En los dos textos encuentro la transparencia de recursos y la sencillez de la literatura que todavía no se recreaba en la conciencia de sí misma. (Huelga decir que transparencia y sencillez no quieren decir banalidad ni simpleza.) Lectores y autores no eran todavía invenciones mediáticas, y el oficio podía entregar una precisa partitura de frases naturales para presentar el curso del miedo y el dolor hasta el remanso de una mano que desciende de las alturas.
En el caso de Poe, la aseveración final tiene un valor de deseo histórico, una apuesta por la libertad, no sólo del prisionero, sino también de una sociedad atenazada por el integrismo del Antiguo Régimen, con el que parece querer acabar en una suerte de Apocalipsis laico: trompetas, truenos, rugidos y huracanes contra los inquisidores.
En el caso de Hugo, la perspectiva infantil, de cuento de bosque y lobos, añade la figura del gigante como una aparición paradójica, enorme y oscura, que sin embargo, con un gesto único, libera a la niña del peso insoportable del cubo, de los terrores de la noche y del recuerdo de la esclavitud que la espera en una casa a la que no quiere volver. Hugo hace además una apuesta por el instinto, y el miedo desaparece.
En los dos relatos, y eso es lo que me resulta más atractivo, la eficacia de la conclusión reside en las manos que surgen cuando todo parece perdido. Ambos eligen como acto liberador el movimiento más primario de ayuda a un semejante: sujetarlo para que no caiga. Y el lector, de pronto, se siente a salvo.

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23 03 2009, 19:21

Sociedad capitalista

En un blog que se tiene por literario no pueden faltar los números.
He leído en fuentes poco sospechosas (naveguen y cotejen, pero un tal Michel Page ya hizo un compendio) que la diferencia media de salario entre los directivos de las empresas y los empleados de más baja categoría laboral es de 13 veces. Es decir que, si un obrero gana unos mil euros al mes, es muy pobable que un miembro del consejo de dirección se apropie legalmente de 13000. Dicho de otro modo: el tipo de arriba se levanta en un mes lo que el de más abajo no pilla en un año; es un hecho probado, aunque no sea delito. Si se trata de una obrera, la diferencia es aún mayor, porque la discriminación habitual le puede suponer un 29% menos de ingresos. Parece ser que esto sí es ilegal, e inspira campañas institucionales del tipo ande no sea usted malo y pague a la chica. Si se trata de una mujer directiva, no habrá diferencia con sus colegas hombres, y además tendrá derecho a las mismas ayudas por ser madre, ya que el concepto de igualdad liberal se aplica en compartimentos estancos.
Puesto que me siento panfletario, haré algunas preguntas. Esa diferencia salarial, ¿implica que la formación, dedicación, responsabilidad y capacidad de un alto cargo de una empresa, juntas o por separado, representan trece veces la de un empleado de a pie? Suponiendo que la calidad de vida de una persona pueda trepar hasta el infinito y que a partir de cierto nivel no se trate de una acumulación degradante de riquezas sin sentido, ¿los servicios prestados justifican esas cifras? ¿Los ejecutivos son seres terciodécuples nacidos de la conjunción de un rayo de Zeus y una jaculatoria de Adam Smith para impetrar la autorregulación del mercado? Una vez integrada toda esa riqueza en la mente y el cuerpo de los elegidos, ¿quedará algún lugar para los escrúpulos a la hora de conservarla o aumentarla?

16 03 2009, 16:13

Risa

En 1962, en Kashasha (Tanganika, hoy Tanzania) hubo una epidemia de risa incontrolable.
Parece ser que comenzó el 30 de enero, cuando tres de las 159 alumnas de una escuela-internado comenzaron a reír de un modo compulsivo que en pocas semanas se extendió hasta afectar a otras 95. Las víctimas sufrían durante horas, a veces días, ataques irrefrenables de hilaridad, gritos y agitación. La escuela se vio obligada a cerrar el 18 de marzo. El 21 de mayo, un nuevo brote hizo fracasar un intento de reapertura.
El regreso de las alumnas a sus hogares extendió la epidemia. A los diez días, 217 habitantes de Nshamba, lugar de origen de la mayoría de las alumnas, estaban afectados. Casi todos eran chicos y chicas en edad escolar. Poco después, las escuelas de Ramasheyne y Kanyangereka, separadas por más de 30 kilómetros, tuvieron que detener sus actividades. Al parecer, bastaba el contacto con una sola persona afectada para que se produjera el contagio.
La epidemia comenzó a remitir en junio de 1964. Hasta esa fecha fueron cerradas 14 escuelas y sufrieron el mal unas mil personas de poblaciones de Tanganika y Uganda. El único método efectivo para impedir las propagación fue la cuarentena.
Los científicos buscaron en vano explicaciones de índole biológica (virus) o química (gases tóxicos). La conclusión más aceptada fue que se trataba de una enfermedad de origen psicogénico o histérico.
Lo que me llama la atención de este hecho, tan similar a muchas leyendas que circulan en la red, pero verificado por diversas investigaciones, es el punto de partida: parece ser que el factor desencadenante fue un aislado ataque de risa (an isolated fit of laughter) o un chiste (at the start of the incident, a joke was told in a boarding school). No sé si algún científico ha intentado averiguar el contenido del chiste o reconstruir la situación que provocó esa suerte de caos, esa sincronía acelerada que tanto se aproximó a la catástrofe. No he encontrado datos al respecto. Pero sin conocer el primer impulso, ese primer acorde de energía hilarante, por mucho que se estudien los rasgos sociológicos y psicológicos de la zona y las personas implicadas, creo que no es posible esclarecer el mecanismo de lo que podría ser un arma terrible. Imagínense: ese hallazgo podría conducir a la definición del chiste perfecto y universal, el que hiciera reír a todo el mundo, el chiste que acabaría con todos los chistes. Aunque hay otro dato que despeja ese temor, no sin despertar a cambio otras inquietudes: la inmunidad a la epidemia de risa de profesores y gobernantes. ¿Voluntad de hierro, sentido del deber o simple carencia de empatía?

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27 02 2009, 19:40

Un libro

PortadaEl caso es que, casi sin avisar, algunos relatos empezaron a parecer conjuntados y, aunque probablemente se tratara de la farsa de un instante, me dije ¿por qué no?, y sólo hubo que ponerle al objeto título y portada.
De manera tan sencilla surgen los libros.
Así que ahí abajo está el enlace, humilde, casi sin ánimo de lucro, pero comercial al fin y al cabo.
A mí me gusta, claro; si no, no lo publicaría.

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